¿Por qué los socialistas vascos nunca completarán el desarrollo del Estatuto de Gernika? (5)

Josu Erkoreka en su blog.

En este quinto y último post, dedicaré unas líneas a anticipar las alegaciones que durante los próximos meses escucharemos de boca de los socialistas para defender su posición contraria a la materialización de las transferencias pendientes.

Como el debate sobre la parálisis del desarrollo estatutario les resulta muy incómodo, porque pone descarnadamente de manifiesto sus incoherencias, carencias y ausencias, durante los últimos años, los socialistas han ido desarrollando una serie de tópicos, que repiten una y otra vez, en todos los medios a su alcance, con la esperanza puesta en que, a base de insistir en ellos, la opinión pública acabe confundida y tienda a culpar de la situación de los nacionalistas vascos, olvidando que, en 1981, fueron ellos los que, junto a la UCD, decidieron boicotear el Estatuto de Gernika, pensando que había llevado el autogobierno vasco demasiado lejos; mucho más allá de lo que un buen patriota español puede tolerar.

Estos tópicos integrarán, sin duda, la artillería argumental que los socialistas vascos esgrimirán en el tiempo que resta hasta la celebración de las elecciones autonómica.
He aquí algunos de los principales

1.- El primer argumento que utilizarán para salvar su cara, es el que comenté en el tercer post de esta serie: No habrá más transferencias mientras los nacionalistas no atenúen sus reivindicaciones políticas. Les escucharemos una y otra vez decir que no es coherente pedir el desarrollo del Estatuto si, al mismo tiempo, se ambiciona un autogobierno mayor que el estatutario y se trabaja por él, etcétera. Es decir, nos pedirán renuncias ideológicas y estratégicas. Por exigir, nos exigirán hasta que nos olvidemos de la Disposición Adicional del Estatuto de Gernika y de todo lo que -ellos, nosotros y todos los demás- defendimos sobre su contenido y alcance durante la etapa estatuyente.

Les veremos, también, reclamando de nosotros un inequívoco compromiso estatutario, cuando son ellos, con sus ligerezas, frivolidades e incumplimientos, los que han echado por los suelos la confianza de una gran parte de la sociedad vasca en las posibilidades que ofrecía el Estatuto.

Permítaseme, a este respecto, un pequeño comentario. Lo que más llama la atención de los socialistas vascos cuando esbozan esta coartada chantajista es la confusión con la que definen su propia posición política. Resulta curioso verles adoptando la actitud del estadista, y abandonando vergonzantemente la perspectiva del político vasco que vela -o debería velar- por los intereses de Euskadi. Aunque parezca mentira, su esquema mental suele ser rigurosamente estatocéntrico: Las transferencias las piden los nacionalistas vascos porque el desarrollo del autogobierno es una cosa exclusiva de los abertzales, que ni interesa ni beneficia a los demás ciudadanos vascos. Los socialistas no parecen sentirse concernidos por el incumplimiento estatutario. Ellos no están para esas minucias, sino para decidir en qué condiciones conviene darles o negarles a los nacionalistas lo que piden.

Esta manera de abordar la cuestión se veía claramente en un artículo de opinión que Ramón Jáuregui publicaba recientemente en la prensa escrita (El Correo, 25.07.08): “Estaríamos dispuestos a debatir sobre incumplimientos estatutarios, si nuestros interlocutores aceptaran el marco que establece el Estatuto y su desarrollo y las reglas del juego de su reforma en su caso. Pero con quienes desprecian lo uno y lo otro, el marco y las reglas, no tenemos nada que discutir. De quienes se desmarcan de los compromisos que ese mismo Estatuto establece, no aceptamos exigencias”.

Es increíble. Su desvergüenza no puede ser mayor. ¿Acaso los socialistas no tienen su propia responsabilidad para con el desarrollo estatutario? ¿Es que su papel, en este tema, sólo se circunscribe a poner peros objeciones y obstáculos a las reivindicaciones de los demás? ¿Puede considerarse que el bloqueo de las transferencias es compatible con la máxima de “aceptar el marco que establece el Estatuto y su desarrollo”?

En el mismo sentido, Patxi López aseguraba hace poco en una entrevista que “no deja de ser curioso que, mientras se está dictaminando la defunción del Estatuto, se estén pidiendo sus transferencias; a la vez que se pide que se derribe el edificio nos piden que paguemos los muebles nuevos de salón” (El Correo, 15.06.2008)

Una vez más, resulta significativa y preocupante, la posición que adopta el líder de los socialistas vascos. Habla desde la óptica del presidente del Gobierno central, no desde la posición de un político vasco comprometido con el autogobierno de Euskadi, que aspira a ser Lehendakari. Dice que “nos piden que paguemos los muebles nuevos de salón”. Es decir, los nacionalistas vascos nos piden a los socialistas el desarrollo estatutario. O dicho, de otro modo, las transferencias las piden el Gobierno vasco y los grupos parlamentarios del PNV en las Cortes Generales. Patxi López, al parecer, no las pide, ni se siente en la necesidad de hacerlo. Él sólo está para echar en cara a los nacionalistas que “nos piden que paguemos los muebles nuevos de salón”.

Pero es que, además, las transferencias son para Euskadi. Para todos los vascos. Y los “muebles nuevos de salón” a los que se refiere López van a ser disfrutados por todos: Por los nacionalistas vascos, por los nacionalistas españoles y por los escasos especímenes de no nacionalistas que pueden descubrirse en Euskadi. ¿Acaso no interesa eso a Patxi López? ¿O es que prefiere que no vengan transferencias a que vengan de la mano de los nacionalistas?

Pero hay más, aún. Las transferencias no las pagan los socialistas. Y menos aún los socialistas vascos. Las paga el Estado. Sin embargo, Patxi sólo ve en ello que “que nos piden que paguemos los muebles nuevos del salón” La óptica que adopta Patxi López es la del Estado -“nos piden”- y no la de un líder vasco que debería situarse al otro lado de la línea divisoria y utilizar expresiones diferentes como “vamos a exigir”; “debemos reclamarr”; “no nos pueden negar”, etc.

Hace unas semanas vimos a Montilla decirle a Zapatero que le quería mucho, pero quería más a Catalunya, cuyos intereses iba a defender con uñas y dientes. López dice lo contrario. Nos dice a los nacionalistas que quiere mucho a Euskadi, pero quiere más a Zapatero, cuya perspectiva y planteamientos va a defender en todo lo que se refiere al desarrollo del autogobierno.

Y con esta actitud estatocéntrica, quiere ser Lehendakari. Dios nos coja confesados.

Por otra parte, defender el derecho de autodeterminación es, a juicio de López, “derribar el edificio”. Sobre eso, podríamos hablar mucho. Pero -pregunto yo- ¿qué es entonces bloquear el desarrollo estatutario durante treinta años? Eso, al parecer, es mantener el edificio en perfectas condiciones de seguridad, salubridad y ornato públicos. ¡Qué cara, Dios mío!

2.- En segundo lugar, nos acusarán de victimismo. Dirán que el bloqueo estatutario, en realidad, no está provocado por el Estado, sino por los nacionalistas vascos, que nos abonamos sistemáticamente a la reivindicación maximalista, para hacer imposible el acuerdo y poder culpar de ello al Gobierno.

No es una alegación nueva. Es antiquísima. Ya en 1983, el vicelehendakari Mario Fernández salía al paso de quienes le acusaban de actuar así, con argumentos que, pese a los años transcurridos -¡nada menos que veinticinco!- no han perdido un ápice de validez. He aquí sus palabras:

“Y no pueden menos de calificarse como de ligeras, las afirmaciones interesadas de que el Gobierno vasco, como consecuencia de haber decidido una pura estrategia de tensión, pretende elevar los techos de interpretación del Estatuto para hacer imposible el desarrollo del mismo (…) no se ha producido una elevación de techos por parte del Gobierno vasco, sino lo que ha ocurrido es que en el Partido Socialista se ha producido un cambio trascendental respecto a las posiciones que mantenía en el momento en que se negoció el Estatuto de Autonomía. En muchas ocasiones hemos citado ya, causando siempre gran irritación en los socialistas, lo que decía su programa de Gobierno para las elecciones de marzo de 1980 al Parlamento vasco. Y la cita no se ha realizado con la intención de acreditar que se ha producido un cambio en las posiciones socialistas. El objeto de la cita es de mayor transcendencia: Se trata de demostrar que la interpretación que se dio al Estatuto de Gernika en el momento en que se solicitó su aprobación por el pueblo vasco permitía unas posiciones que hoy mantiene el Gobierno vasco. Basten dos ejemplos: La transferencia en materia de Empleo (que según el programa socialista deben comprender todas las competencias administrativas en materia de empleo) y las correspondientes a la Seguridad Social, ya que en el programa del Partido Socialista en marzo de 1980 se solicitaba la creación de una Tesorería de la Seguridad Social vasca, que sería la encargada de recaudar las cuotas correspondientes y abonar las prestaciones en su caso. Lo mismo que ahora defiende el Gobierno vasco (en términos generales), mereciendo la acusación de insolidario, de romper la unidad económica del Estado y alguna otra unidad más…”

Hasta aquí, las declaraciones de Mario Fernández.

El problema añadido, hoy, es que los socialistas no sólo se desmarcan del sentido que dieron al Estatuto en el momento de su aprobación, hace casi treinta años. El problema, hoy, es que se desentienden hasta de los compromisos públicos que han asumido hace tan sólo uno o dos años, en relación con el desarrollo estatutario. Un ejemplo al que me he referido varias veces en este blog. Hace dos años Patxi López planteaba la necesidad de transferir a Euskadi la Investigación Científica y Técnica. Lo hacía en un documento público oficialmente titulado Más Estatuto, pero popularmente conocido como Plan Guevara, porque fue elaborado por el ex militante del PNV Emilio Guevara. Pues bien, hace tan sólo tres meses los diputados del PNV planteamos en Madrid una iniciativa que recogía, exactamente, con puntos y comas, ese punto del Plan Guevara. Y los socialistas -incluidos los diputados del PSE- votaron que no, sin ruborizarse lo más mínimo. Ya no se les olvidan las promesas que hicieron hace tres décadas. Su amnesia llega hasta la promesas hechas hace dos años, cuando Zapatero era ya presidente del Gobierno.

3.- También esgrimirán que la culpa del bloque de transferencias la tienen el Gobierno vasco -y, en definitiva, los nacionalistas- que las rechaza para generar tensión, provocar enfrentamiento y hacer victimismo.

Los diputados y senadores del PNV estamos aburridos de escuchar este pretexto. El Gobierno de Aznar insistió mucho en él. Ahora, el Ejecutivo de Zapatero sigue sus pasos, sin apartarse un ápice del insidioso argumentario que diseñó el PP. Hace unos años -en marzo de 2005, para ser más exactos- el ministro Jordi Sevilla afirmaba en una interpelación del Grupo vasco que si esta legislatura no ha habido traspasos a la Comunidad Autónoma Vasca es “porque el Gobierno vasco no los ha querido”.

A Patxi López tuvimos ocasión de leerle, recientemente, una frase tan increíble como la que sigue: “que quede claro que, por ejemplo, Euskadi no tiene las políticas activas de empleo porque no quiere el Ejecutivo de Ibarretxe” (El Correo, 15.06.2008)

Estes es, también, un argumento viejo. Ya Mario Fernandez salía al paso, en 1983, de afirmaciones semejantes. Era cierta que el Gobierno vasco rechazaba algunas ofertas de transferencia. Pero lo que no se aceptaba, precisaba, era la mercancía averiada que los gabinetes de Felipe González nos quería colar. Sus razones eran impecables y siguen manteniendo plena validez:

“Por eso, si estuviéramos dispuestos a aceptar rebajas, ciertamente el Estatuto podría encontrarse desarrollado en su totalidad. Lo que ocurriría sería que el Gobierno no hubiera hecho honor al compromiso con el pueblo de la Comunidad Autónoma de defender el autogobierno del Estatuto…”

El Estatuto de Gernika tiene muchos contenidos singulares y únicos. Pero como el PSOE decidió, en 1981, que las singularidades estatutarias habían de ser podadas sin contemplaciones, planteaba y plantea unas propuestas de transferencia, que asimilan el Estatuto vasco a cualquier otro. Y eso no es admisible. O se acepta el Estatuto de Gernika con todas sus singularidades, o se está defraudando su contenido. ¿Acaso es esto lo que desean los socialistas?

4.- No faltará en el debate, el argumento de que el desarrollo del Estatuto tiene aspectos muy complejos, que resultan de imposible acuerdo y consenso en breve tiempo. Recuerdo a Jordi Sevilla respondiendo el 29 de junio de 2005 a una pregunta oral formulada en pleno por Emilio Olabarria, con este mismo argumento: “hay otras competencias que sencillamente son muy complicadas y no le puedo asegurar que se puedan traspasar a la primero ni a la segunda semana”. Ramón jáuregui, el mes pasado, aludía igualmente a “la dificultad de materializar algunos traspasos en base a la doble y antagónica interpretación que suscitan algunos textos estatutarios” (El Correo, 25.07.08)

Después de casi tres décadas de retraso, a lo largo de los cuales, los socialistas han defendido, en relación con muchas materias, una cosa y la contraria, esta argumentación resulta sencillamente hilarante. Por no decir indignante.

Durante los últimos veinticinco años, Euskadi sólo ha recibido transferencias a cambio de apoyos parlamentarios en las Cortes Generales. Esa es la verdad. Las dificultades técnicas nunca han sido impedimento para materializar transferencias cuando había acuerdos. Sólo cuando el Gobierno central de turno ha sentido la “necesidad política” de algún apoyo parlamentario, ha tenido la “voluntad política” de impulsar el desarrollo estatutario. Veámoslo en la siguiente tabla:

Cronología de las transferencias hechas a Euskadi por periodos quinquenales

Periodo Transferencias
1978-1982 43
1983-1987 28
1988-1992 0
1993-1997 15
1998-2002 3
2003-2007 0

Como se puede comprobar en el cuadro, excluido el periodo inicial, en el que hubieron de llevarse a cabo las transferencias imprescindibles para poner en marcha el sistema autonómico, el proceso de descentralización a favor de Euskadi, se ha ido desarrollando a impulsos de los acuerdos parlamentarios.

En el segundo quinquenio, las transferencias están concentradas en dos años -1985, con 27 transferencias y 1987 con 7- que fueron importantes en la conformación de las coaliciones PNV-PSOE en Euskadi. Después viene una sequía absoluta, hasta que en el periodo 1993-2000, se retoma de nuevo el proceso transferencial, con 18 nuevos traspasos que tienen lugar, no por casualidad, en las dos legislaturas en las que el PNV apoyó la investidura del presidente del Gobierno español. La de 1993-1996 con Felipe González y la de 1996-2000 con José María Aznar.

5.- También desviarán la atención, sirviéndose de argumentos falaces como el de que el autogobierno vasco es el más amplio del mundo y de la historia o de que la evolución de los acontecimientos hace que las competencias cambien de alcance y contenido, de manera que no cabe reclamar, en 2008, lo que tenía sentido hace treinta años, pero hoy no.

Los socialistas inflan la retórica cuando hacen uso de esta línea argumental.

A no dejarse engatusar.

Es falso que el autogobierno vasco sea el más amplio del mundo. Hay muchas materias en las que entes infraestatales de otros Estados descentralizados gozan de mayores competencias que Euskadi. Podría citar numerosos ejemplos para avalar mi afirmación, que nadie lo dude. Y quizás algún día lo haga.

Pero aun en el supuesto de que la afirmación fuera real, la cuestión a debatir no radicaría en saber si Euskadi es el ente no estatal que mayor autogobierno tiene en el mundo mundial, sino en determinar si el autogobierno de Euskadi es o no el que debería ser con arreglo al Estatuto. Eso es lo que se discute, no si el Concierto Económico es único o no en el panorama comparado.

Y lo de la evolución de las competencias, mueve a risa. Para el PSOE la evolución de los acontecimientos hace que las competencias autonómicas puedan ser mediatizadas e incluso asumidas por el Estado, porque así lo exige la eficacia y la misma lógica de las cosas.

En el debate de política general del año 2006, donde denuncié diferentes iniciativas gubernamentales que vulneraban competencias autonómicas, Zapatero me dijo: “Hay un título competencial que también debemos tener presente, que es el de la evolución de las cosas, el de la realidad. No ha habido ni habrá blindajes cerrados ni compartimentos estancos cuando se trata de atribuir las competencias públicas en una serie de materias que son cambiantes”. No era un razonamiento aislado. Durante los últimos años, el PSOE ha venido utilizándolo con profusión para justificar la intervención del Gobierno central en asuntos de competencia autonómica. Un año antes (pleno de 28 de julio de 2005) la vicepresidenta primera, Fernandez de la Vega, utilizaba argumentos muy parecidos para defender la intervención del Estado en las situaciones de alarma generadas por los incendios forestales. Plantaba la necesidad de “seguir dejando atrás la cultura antigua de la defensa a ultranza de la competencia propia y a sustituirla por la cultura del ejercicio coperativo al servicio del interés común”.

A priori, el argumento no está mal. El problema es que las únicas materias en las que, a juicio de los socialistas, debe abandonarse “la cultura antigua de la defensa a ultranza de la competencia propia” son las de titularidad autonómica. Las competencias del Estado siguen y seguirán siendo exclusivas per saecula saeculorum. La competencia para la convocatoria de referendum es el ejemplo más claro que ahora se me ocurre. Zapatero ha recurrido la Ley de Consulta del Gobierno vasco, alegando que vulnera la competencia exclusiva del Estado para autorizar la celebración de consultas populares por vía de referéndum. ¿No habíamos quedado en que la defensa a ultranza de la competencia propia forma parte de la “cultura antigua” que se ha de superar?

Sí, pero, eso, al parecer, sólo sirve para las competencias autonómicas.

Y así seguiremos durante los próximos meses.

Seguro que no me confudo un ápice.

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