Catalina de Erauso: la monja alférez

Catalina de Erauso

Catalina de Erauso

Extraído de euskosare.

Uno de los personajes más fascinantes de la historia vasca es Catalina de Erauso, apodada la Monja Alférez. Su vida estuvo plagada de peripecias, aventuras y enfrentamientos contra las normas de la época. Oculta bajo la figura de un hombre, es hoy en día, un icono del movimiento feminista actual.
Catalina de Erauso nació en Donostia (Guipúzcoa) en el año 1592. Hija del militar Miguel de Erauso, Catalina fue internada, al igual que sus hermanas, en el convento Dominico San Sebastián a los 4 años de edad. A diferencia del resto de sus hermanas la vida le deparaba un destino muy distinto al esperado.

Primeros indicios de rebeldía
Su carácter violento y provocador le empujó a mantener diversos enfrentamientos con las monjas del convento y en 1607, a los 15 de edad, decidió escapar.
La superviviencia como mujer no era fácil y menos aún en una época y una sociedad donde las mujeres no gozaban de independecia y quedaban relegadas a la vida privada y familiar. Catalina de Erauso, decidió adaptarse a su entorno y oculta bajo diferentes nombres (el más empleado de ellos fue Francisco Loyola) vivió en Vitoria, Valladolid, Bilbo y Estella desempeñando diferentes oficios masculinos. A partir de su huída comenzó a emplear ropajes y estética varoniles y ayudadada por su aspecto poco femenino consigió engañar a los que le rodeaban. Finalmente, en 1603 se alistó como grumete en San Lúcar de Barrameda (Cádiz) y partió rumbo a América.

Nueva vida en América: recibe el cargo de Alférez
Durante algunos años viajó a Venezuela, Colombia, Panamá y Perú. Sus constantes peleas, así como el asesinato de un hombre, le obligaron a cambiar continuamente de destino.
En 1609 se alistó como soldado en una compañía que se dirigía a luchar a Chile pero al enterarse de la procedencia vasca del “guerrero” el Gobernador Alonso de Ribera decidió designarla a su propia compañía. La casualidad hizo que el Gobernador fuera el propio hermano de la protagonista quien, durante toda la convivencia, ignoró la verdadera identidad de aquel soldado, así como su género.
Su valor en la batalla le hizo merecedora del título de Alférez, grado por el cual sería conocida. Sin embargo, su carácter rebelde y conflictivo continuaba despierto y algunas trifulcas, en una de las cuales murió accidentalmente su hermano, le obligaron a desaparecer una vez más manteniéndola durante un tiempo sumergida en una espiral de fechorías y huidas.
El rastro de sus acciones hizo que el cerco policial se estrechara. Cuando estaba a punto de ser apresada encontró el amparo del Obispo Fray Agustín de Carvajal quién, asombrado por su sincera confesión y una vez comprobados el sexo de la protagonista y su condición de mujer virgen, la protegió en el convento. La historia de Catalina de Erauso se propagó por todo el país y comenzó a despertar la curiosidad de muchas personas. El obispo murió pocos meses después de su ingreso y la ya conocida como “monja Alférez” fue reclamada por el Arzobispo de Lima y permaneció en un convento de la ciudad.

Regreso a España
2 años y medio después de su ingreso y tras negarle el rey de España el derecho a ser considerada monja, Catalina colgó los hábitos y partió rumbo a España vestida una vez de más de hombre. En España fue recibida con todos los honores por el rey Felipe IV quien aceptó mantener su graduación militar, le concedió una pensión de 800 escudos y le permitió conservar su nombre masculino.
La leyenda en torno a “la monja Alférez” se expandió por toda Europa y Catalina de Erauso partió rumbo a Roma, donde fue recibida por el Papa Urbano VIII. El pontífice le concedió el derecho a vestir de hombre y a emplear nombre masculino. Una vez conseguido esto, la aventurera viajó a través de diversos países europeos y finalmente, en 1630, se instaló en México, donde dirigió un negocio de transporte de mercancías.

Muerte y legado
No existe ninguna versión oficial sobre las circunstancias de la muerte de este personaje pero se sabe que ocurrió en México alrededor del año 1650.
Catalina de Erauso escribió sus memorias, tituladas “Historia de la monja alférez” , sin embargo, éstas no fueron publicadas hasta muchos años después. Concretamente, la primera edición se editó en París en 1829. Hoy en día puede encontrarse una copia de sus memorias en la Biblioteca Virtual de Miguel de Cervantes.
La figura de Catalina de Erauso sigue presente en la ciudad de Donostia y su nombre da título, entre otros, a:

  • una calle de la ciudad
  • una escuela pública
  • un club de arte

Su persona ha sido estudiada y reivindicada por la lucha feminista y es considerada un icono dentro del movimiento transexual.

3 Respuestas a “Catalina de Erauso: la monja alférez

  1. Simplicius Simplicimus

    Bien, un artículo aparentemente detallado, pero… ¿Cómo es posible un plagio tan burdo y tergiversado? Por favor, que lo primero que sale al escribir el nombre de la sin par Catalina en Google son el artículo de Artehistoria y el de Wikipedia (que ni siquiera son buenos), y aquí están copiados punto por punto, salvo, cómo no, los cambios de “Siglo de Oro español” por “historia vasca” y “San Sebastián” por “Donosti”. Por cierto, muy graciosa la aclaración de que está en Guipúzcoa, ¿qué se cree, que va a prestar atención a este “blog” otra gente que no sea vasca o en todo caso española? ¿De verdad hacía falta señalarlo? ¿O es que en “Euskadi” ya no saben ni cuáles son sus capitales de provincia tras tanta reeducación (habría que inventar la palabra ‘deseducación’) en la “ikastola”? Lo próximo será “río Pisuerga (que pasa por Valladolid)”. Es una ironía (por si algún ‘ikastolizado’ no sabe a qué dicho popular me refiero y de qué río estoy hablando) XD… aunque no niego que el desconocimiento de la hidrografía sea común a toda la juventud española, en fin… El caso es que, si bien pueda comprenderse tal analfabetismo funcional por vivir en un feudo ‘nacionalterrorista’ amparado por nuestros impuestos y falta de responsabilidad ciudadana, lo que sorprende es la falta de documentación y la desestructurada mente del autor, porque ¿de dónde saca que Felipe IV en persona le negara el “derecho a ser considerada monja” (Catalina de Erauso abandonó el convento de San Sebastián el Antiguo en 1600 cuando aún era novicia; el obispo Carvajal le concedió el hábito irregularmente en el convento de Santa Clara de Guamanga, que invalidaron las autoridades españolas al no ser monja profesa) y luego le recibiera con honores en Madrid regalándole el apelativo de “la monja alférez”? Y ¿si abandonó el primer convento en 1607 (fecha corregida en mi anterior pregunta retórica), cómo se alistó de grumete en Sanlúcar de Barrameda (sabemos dónde está) en 1603 (fecha cierta por otra parte)? Y ya resulta del todo hilarante (por no decir insultante a la inteligencia), decir que el gobernador (que no se escribe con mayúscula porque no es Dios, aunque los nacionalistas deifiquéis a algunos ‘politicuchos’ ‘filoterroristas’ que viven del ciudadano) llamado Alonso Ribera sea hermano de Catalina de Erauso, o eso se sobreentiende del pésimamente redactado texto; y que además, de manera ridícula, se diga que la casualidad (ni la Santísima Trinidad oiga) hizo que el gobernador (¿?) fuera su hermano ¿De qué sirven los apellidos? ¿Catalina no tuvo padres? ¿la casualidad le trajo al mundo? Su hermano, a quién mató en un duelo sin saber de quién se trataba (según el autor “murió de un accidente”), era Miguel de Erauso, secretario de Ribera que no gobernador. Y por cierto ¿cómo un sustantivo como el de lucha, que expresa un concepto y por lo tanto es abstracto, puede colocarse como complemento agente de los verbos estudiar y reivindicar en pasiva, que son necesariamente personales y transitivos? (en referencia a la frase “ha sido estudiada y reivindicada por la lucha feminista”). En todo caso habrá sido estudiada y reivindicada por los miembros del movimiento feminista. En fin, que lo mejor del texto es su brevedad, porque ahorra seguir haciendo críticas a semejante despropósito. Sólo resta decir que, ya que se señala la copia virtual de las memorias en la Biblioteca Miguel de Cervantes, tenga el autor la decencia de leerlas, y se encontrará con una historia tan apasionante que olvidará sus insulsas veleidades ‘vasconizantes’, que carecen de sentido para una mujer que pasó a la posteridad por sus servicios a la monarquía hispánica. Y también hay publicados en papel interesantes estudios sobre la brava guipuzcoana como “Catalina de Erauso, la monja alférez” del vizcaíno Luis de Castresana; o sobre el tema de su lesbianismo y transexualidad “The lieutenant Nun: transgenderism, lesbian desire and Catalina de Erauso”, de la estadounidense Sherry Velasco. Como se puede ver, Catalina de Erauso si bien vasca (algo que sin duda condicionó drásticamente su vida), siempre fue un personaje universal. Y aquí termino; aunque cruel, he pretendido hacer una crítica constructiva. Que cada palo aguante su vela y tome los vientos por donde quiera. Adiós muy buenas.

  2. Estimado simplicius simplicimus. Como bien queda reflejado en la primeralínea del propio post, el texto está extraído de EuskoSare, nosotros no somos sino meros trasmisores de ese texto.

    Un saludo

  3. Simplicius Simplicimus

    De acuerdo, queda claro, mis palabras van dirigidas contra el autor, pero aún así hay que cuidar los textos que se reproducen, pues tácitamente supone aceptar lo que se dice en ellos a menos que lleven una adecuada contraprestación crítica. Pero en fin, no tengo mucho más que decir. Caso cerrado.

    Un saludo

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