Gestionar lo que viene

Pello SalaburuPello Salaburu en El Correo.

Adivinanza: ¿Qué habría echo EHAK si el Gobierno central hubiera autorizado la consulta planteada por el Gobierno vascongado? ¿Lo adivinan? Yo también. Esto nos da una idea del embrollo en el que nos encontramos. EHAK decidirá su voto en el Parlamento atendiendo a tres variables: la decisión que tome la autoridad militar, poco proclive a sofisticaciones, que será aceptada de forma democrática por las bases; el daño que su voto pueda causar al sistema en su conjunto y, en particular, al PNV, y el beneficio que pueda obtener a corto y medio plazo, según sea el sentido del voto, el conjunto del entramado. No olvidemos que aún hay demasiada gente viviendo del tesoro público. El lehendakari y el PNV tendrán que gestionar el resultado de la votación.
Supongamos que deciden abstenerse o votar en contra. Ésta es una posibilidad real. La razón que inclina a pensar que no va a suceder así es que unas elecciones prematuras interesan a muy poca gente: no, desde luego, al entorno de EHAK, porque supondría poner en peligro fuentes generosas de financiación. Tampoco interesan al PNV, que se vería en un atolladero complicado, derrotado en el Parlamento, y sin poder trasmitir a sus votantes (y a una parte de sus militantes) que tiene otros proyectos distintos al que ha sido percibido como único e inmutable durante los últimos años. No parecen interesar demasiado al PSOE, que está al lado del árbol esperando que madure la fruta para cogerla con suavidad antes de que caiga al suelo.

El PP está en otra órbita, de momento, intentando restañar heridas internas. Gestionar la situación resultante debería ser más que preocupante para los intereses del PNV, un partido mayoritario que ha contribuido a articular la sociedad vasca en los últimos decenios, pero que hoy aparece desdibujado, con un EBB en horas bajas y enfrentado a un Gobierno en el que los socios minoritarios toman decisiones de calado de las que se acaba enterando por la prensa. Naturalmente, no sería una coyuntura atractiva para que un EBB maniatado volviera a tomar las riendas.

Supongamos, por el contrario, que la votación pasa con los votos de EHAK y que el proceso es paralizado de forma inmediata por el Supremo. En ese caso, el PNV, con el lehendakari a la cabeza, adoptará el papel de víctima y prolongará la agonía, convocando manifestaciones, recogidas de firmas en las notarías (retomando lo que hicieron hace unos meses los de Santa Cruz frente a Morales, ¡vaya referencia!) y organizando caravanas llenas de ikurriñas a Madrid como si el Athletic fuese a jugar la final de Copa.

Lo tendría que hacer codo con codo con EHAK, procurando no traspasar los límites marcados por la ley, algo con lo que el PNV siempre ha sido respetuoso a lo largo de la historia, y olvidando que los votos de EHAK, una organización que pretende tumbar el entramado institucional, han hecho posible la situación. Parece que uno se echa en brazos de quien le quiere destruir: ETA matando porque no se cumple lo acordado en el Parlamento.

Y olvidando -error de libro- lo que piensan los votantes. Basta para ello ver lo que dice el Euskobarómetro, por muchas limitaciones que tenga la encuesta. Me temo que esta segunda situación es peor que la primera para los intereses del PNV, salvo que el golpe de timón sea definitivo y acabe con Egibar al mando de la nave. Entonces sólo quedan los votantes. No será porque algunos no lo advertimos.

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